En 1979 fuimos becados por la Confederación de Compañías de Bomberos Chileno-Alemana y la Federación de Bomberos de Alemania Federal para cursar en las Escuelas Regionales de Bomberos de ese país europeo. Cuando elegí el Programa de Entrenamiento de “Protección contra Radiaciones Nucleares”, mi compañero Christian Ahrens –a la sazón estudiante universitario- me miró extrañado, como queriendo decir “¿Y para qué nos puede servir?” Recuerdo haberle respondido algo así como: “Hoy, quizás no, pero mañana, nadie sabe lo que pueda acontecer en nuestro país y ya tendremos dado un paso adelante”. Ambos nos inscribimos en el Curso.
En esos años la preocupación no era tanto si la energía nuclear era o no una energía de alternativa y limpia sino el grado de peligro que representaba para la salud de la población, al menos ese era nuestro punto de vista, ya que los Bomberos –como lo vimos en Chernobyl- siempre son los primeros en intervenir, también en situaciones de riesgo nuclear y más aún cuando, como en nuestro país (Chile), todos los Bomberos locales son Voluntarios. Transcurridos ¡casi 30 años! quisiera relatar sucintamente nuestra primera experiencia aprendiendo a detectar, identificar, manipular y almacenar “partículas radioactivas” para, luego, concluir con algunos comentarios afines, a modo de lecciones para repasar, internalizar y tener presente cuando en nuestro país esta discutida fuente energética, en forma de alucinantes maquetas, adornan ya, al menos, un par de mesas de Directorios de transnacionales. ¿Otro atractivo neg-ocio ad-portas? ¿Eso, no más?
Pero, no disgreguemos aún. Recién se iniciaba este segundo Curso, diseñado especialmente para Bomberos en un país como Alemania, que ya en esos años, dada su ubicación geográfica privilegiada, era centro neurálgico en Europa del transporte de mercancías a granel, incluidos los materiales peligrosos (HAZ-MAT). Sin embargo, recién se empezaba a vislumbrar y dimensionar el verdadero peligro que encerraban esas partículas atómicas, aún envasadas en recipientes de macizo plomo, tal como se continúa haciendo hasta hoy, es decir, el riesgo no ha disminuido un ápice; aún así, por un buen tiempo proliferaron las plantas nucleares y, hasta nuestro país llegó a tener dos (¿…?), en Lo Aguirre y en La Reina.
Pero, sigamos con nuestro relato. Vale la pena conocer cómo surgió esta preocupación entre los Bomberos alemanes. Fue después de acudir al aeropuerto de Hannover para “identificar” un singular receptáculo, aunque chico, bastante pesado (plomo) que traía una “curiosa etiqueta” color amarillo con una figura que semejaba a una hélice de tres aspas de color violeta. Los funcionarios del aeropuerto no habían visto antes “tan extraño signo” y, honestamente, los Bomberos tampoco. Tras consultar aquí y allá se supo finalmente qué contenía el mentado recipiente de plomo: una partícula de “Cobalto 60” (¿…?) ¿Quién sería el destinatario? Pues un estudio de un Cirujano Dentista, instalado en el románico pueblito medieval de Celle, cercano a Hannover. ¿Y para qué querría tal material? Simple, esta partícula, minúscula (pesaba “sólo unos cuantos” gramos), era la fuente de energía para obtener radiografías dentales /*. Posteriormente, una de las recomendaciones derivadas del análisis de este caso fue determinar a la mayor brevedad “si habría otro” dentista en la ciudad, en posesión de este Cobalto 60. Y la sorpresa fue mayúscula: loS “otroS” sumaban nada menos que ¡55! Y, sólo en Celle, con una población de 100.000 habitantes aproximadamente. Entonces, las siguientes interrogantes surgieron como obvias entre los Mandos Superiores de Bomberos: ¿Sabemos cómo actuar en emergencias de este tipo? ¡NO! ¿Contamos con los medios apropiados para enfrentar situaciones tan delicadas como éstas? ¡NO! Es decir, ¡NO ESTAMOS PREPARADOS!, por lo tanto, hay que capacitarse. Y nosotros tuvimos la suerte de asistir al segundo Curso, a principios de noviembre de 1979 en el Landesfeuerwehrschule de Baja Sajonia, con sede en ese hermoso pueblo y monumento histórico y arquitectónico del Medioevo, Celle.
¿Cuál fue nuestra experiencia, supletoria? El Ing. Herr Stratmann nos relató lo sucedido con el primer caso que les tocó atender a no mucho andar una vez terminado el primer curso de marras.
La ignorancia entre la gente –hasta hoy- respecto al grado de peligro para la salud que encierra el contenido de estos envases, tan peculiares, llevó a que una persona, picada por la curiosidad, se llevase uno de ellos a casa y tras mucho esfuerzo y trabajo, lograra abrirlo; extraer esa pequeña partícula radioactiva –aparentemente inofensiva-, sin embargo, en la práctica, contaminarse directamente ella y todo el ambiente a su alrededor fue cuestión de un tiempo muy breve, sólo minutos. Encontrándose sola, al sentir las primeras quemaduras, mareos y ciertas dificultades respiratorias, sorprendida y muy asustada esta persona por los efectos que experimentaba, sin saber inicialmente a qué atribuirlo, llamó a Emergencias y del interrogatorio preliminar –como es habitual se haga en estos casos- Bomberos, ya alertados de las características inusuales de la situación que se les presentaba, llegando al lugar, partieron por aislar el perímetro; confirmadas las sospechas y remitida la ahora víctima de la radiación atómica a un servicio médico especializado, una vez establecido el alto nivel de contaminación alcanzado dentro de la casa, ésta hubo de ser demolida íntegramente y hasta el más mínimo y último escombro removido y trasladado hasta un cerro distante de la ciudad, en cuyo interior se había ya habilitado una especie de bunker blindado para que sirviera de depósito de materiales radioactivos. Y todo, por una “simple” partícula nuclear sacada fuera de un lugar seguro. Tras esta Introducción, impactante, iniciamos el Curso propiamente tal.
La verdad, para mí, este relato tan particular y hasta doméstico diría yo, fue mi vacuna más efectiva frente a la realidad que representa la energía nuclear como fuente energética de alternativa. Nunca he creído en ella como una fuente tal por el peligro que encierra para la vida humana. Con las emergencias nucleares –de conocimiento público- como “Three Miles Island” en Estados Unidos de América (1979), Chernobyl en Ucrania (1986), Goianias o “Pequeño Chernobyl” en Brasil (1986), Kashiwazaki-Kariwa (2007) en Japón y muy recientemente (2008) en dos plantas nucleares en España que, aunque “de menor importancia” según las autoridades; en el fondo, todas las emergencias de este tipo tienen denominadores comunes: la información que se llega a conocer, la más de las veces, es información escasa, sesgada, incompleta, no confiable y, por lo tanto, no creíble para gran parte de la población en general, mucho menos para los “vecinos” del lugar afectado, creando siempre entre ellos una gran incertidumbre: QUÉ va a pasar, CUÁNTO nos va a afectar; de las víctimas y de los daños efectivos suele saberse muy poco, salvo en el caso de Chernobyl, en que la real magnitud del daño a las personas (alteraciones genéticas, malformaciones en recién nacidos), se ha venido conociendo años tras año “algo más” y la ciudad de Pripyat, evacuados su 30.000 habitantes, es hoy una ciudad fantasma, que “está ahí” y es, a la vez, un mudo aunque pálido testimonio de los efectos ¿deseables? que puede llegar a tener la contaminación nuclear, sin olvidar que la nube radioactiva generada inicialmente cubrió prácticamente a todo el continente europeo para continuar luego, extendiéndose alrededor del globo terráqueo, Nuestras autoridades ¿saben esto? Los grandes consorcios inversores ¡con toda seguridad! Pero es que ellos no van a estar expuestos al riesgo de la radiación atómica, por ínfima que sea, en las Plantas Nucleares; para eso, hay “otros”, números, ¿personas?, ¿y sus derechos? ¿Cuáles?
En cuanto a los desechos nucleares –otro “buen” negocio-, los países productores no trepidan en vender esta “basura radioactiva” a países del tercer mundo que quieran enterrarlos en lugares supuestamente “remotos” a cambio de “unos cuantos dólares”. Entre los países desarrollados, hay unos pocos, como Japón, que disponen de la tecnología apropiada para su procesamiento pero su envío por barco representa un riesgo adicional muy alto para los mares y costa cercana en caso de un accidente o asalto terrorista. Y, también se han dado casos, dentro de la propia Europa, en los que convoyes de ferrocarriles cargados con residuos atómicos han sido “simplemente” abandonados en ramales abandonados y, ¡a la intemperie!
Aunque después de mi suele decirse que lo que había que decir ya ha sido dicho antes y uno insiste en decir algo más, me remito entonces a citar un párrafo rescatado de Internet mientras escribía estas líneas: “De todos los desastres ambientales que el hombre es capaz de causar, los desastres nucleares son los que poseen el mayor potencial de daño (a causar). La liberación de radiación asociada a un desastre nuclear posee significativos riesgos agudos y crónicos en el ambiente inmediato y riesgos crónicos sobre una amplia área geográfica. La contaminación radioactiva, que se contrae típicamente por vía aérea es de larga vida con una contaminación garantizada promedio de cientos de años”. (www.pollutionsissues.com/Co-Ea/Disasters)
Después de todo lo expresado, resulta obvio que me inclino por las Energías Renovables No Contaminantes como la eólica, la mareomotriz y la solar.
Concuerdo plenamente con CrMatke, cuando en uno de sus artículos en su blog: “La Energía de Nuestro Porvenir”, se pregunta si “nuestros analistas (en materias de energía) se habrán muerto” y si no, sufren de una miopía tan aguda, al extremo de parecer ciegos ante tanto potencial energético renovable y no contaminante disponible y perdiéndose en nuestro territorio, mientras el planeta sufre la amenaza cierta de una gran crisis energética, ceguera que no es de ahora solamente ya que antes, “a fines del siglo pasado”, sin ir más lejos, primero callaron la crisis de Energía Hidroeléctrica del ’97 y, ¡quedamos a oscuras!; ahora no tuvieron “empacho” en vulnerar nuestra soberanía, exponiendo al país a la dependencia energética de nuestro vecino argentino con su “oferta” de Gas Natural. ¡¿Cuánto le ha costado al país y a la Empresa Privada esta gracia?¡ Personalmente, supongo que tales analistas preferirían estar muertos.
Y, parafraseando su consigna, Sr. Matke, repito: “Bienvenidos entonces en la Era chilena del post cenit y post petróleo en la cual hemos entrado”.
La actividad de Prevención del Riesgo de Desastres cuando se proyecta como Previsión a mediano (10-15 años) y a largo plazo (30-50 años), entonces se puede considerar inserta en un proceso de desarrollo sostenible digno de la nación chilena.
¡¡¡NO, A LA ENERGÍA NUCLEAR!!!
Sí, a las Energías Renovables No Contaminantes, un puñado de nuestras mayores riquezas aún no explotadas y las que, efectivamente, deberían abordarse como un Gran Proyecto País, ideológicamente transversal porque Chile, a partir de una visión geopolítica, socioeconómica y cultural debería estar primero.
Jorge E. Gorigoitía Gándara
Profesor
Especialista en Administración del
Riesgo de Desastres
Mayo 7,2008
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/* “Goianias, el Pequeño Chernobyl” en Brasil. Una partícula nuclear de Cesio 137-de características similares al Cobalto 60-, que irradiaba una intensa luz azul eléctrico y extraída –por ignorancia- desde un equipo de rayos “X” abandonado en un basural por un dentista y abierto a fuerza de golpes de piedra por indigentes, causó la muerte de varias personas y quemaduras en diversos grados a más de un centenar que directa o indirectamente entraron en contacto con este otro material, también radiactivo.
